Utopía & Distopía

Una de las apuestas más fuertes de Surfilmfestibal13 ha sido la exposición Surf, Civilización y Barbarie, una reflexión sobre el desarrollo que han sufrido nuestras costas y de la cual los surfistas hemos sido espectadores en muchos casos y cómplices también en algunos otros.

Pedimos a Gibus de Soultrait que escribiera un texto que recogiera las ideas, premisas y reflexiones detrás de este concepto. Os dejamos aquí el texto completo para que lo leáis con calma y lo disfrutéis como nosotros.

La exposición está abierta hasta el 22 de agosto en la Casa de Cultura Okendo (Avenida Navarra 7, San Sebastián).

The Endless Summer vs. La guerra de Vietnam

En la historia del surf la utopía se ha convertido en una fuerza vital y de resistencia con, entre otras, la famosa película de Bruce Brown The Endless Summer. Al filmar su película en 1963 Bruce Brown solo quería hacer un documental en color sobre el surf, un deporte que practica y adora; y no tanto hacer un acto de rebeldía. En la película los surfistas Robert August y Mike Hynson llevan el pelo corto y visten traje y corbata cuando toman un avión para viajar en busca de olas. Al elegir el título The Endless Summer [El Verano Interminable], Bruce Brown ni se imaginaba que éste se convertiría en el eslogan de la utopía surfista y de la contracultura californiana de la década de los 60.
Cuando estrenó su película de 16 mm. en 1964, en California, tuvo tal éxito entre surfistas y jóvenes de la época que Hollywood la pasó a 35 mm. y la distribuyó al año siguiente por todas las salas de cine estadounidenses. En ese momento los Estados Unidos están en guerra en Vietnam y en 1965 el presidente Johnson decide enviar tropas terrestres al frente, tropas compuestas por jóvenes soldados enrolados con la misión de tirar a matar. La juventud estadounidense se rebela. En la televisión ve imágenes de bombardeos. En el cine, The Endless Summer. Y frente a la pesadilla de Vietnam reivindica la utopía del surf, de la ola, del viaje, de la naturaleza y del verano sin fin. Los surfistas y el movimiento hippie Paz & Amor se unen y hacen un frente común contra la guerra de Vietnam. The Endless Summer es más que una película, es el eslogan de un modo de vida diferente. La utopía es en adelante una fuerza activa de resistencia, un movimiento que anhela y reivindica una sociedad diferente a la del Sueño Americano y la guerra imperialista.

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En la carretera vs. La sociedad de consumo

En los años 70 los surfistas son soñadores y activistas. Sueñan con olas y no con objetos de consumo, tal y como impone la sociedad del progreso. Una tabla, una mochila, un poco de dinero ganado con chapucillas aquí y allá, en unos casos; o negocios ilícitos en otros. El sueño se convierte en un viaje lleno de oportunidades y encuentros, y en el que hay que buscarse la vida. Se trata de descubrir olas nuevas y vírgenes, por azar, en un viaje que no tiene fin. Un viaje con dos caras: el sueño de poder surfear dichas olas o la desgracia de perdérselas por un vehículo averiado o una temporada a la sombra. La película The Forgotten Island of Santoscha da continuidad a la aventura de The Endless Summer, con una isla imaginaria pero con una ola auténtica y un mensaje rotundo: la invitación a partir. Bali, con la belleza de sus paisajes, la magia de la cultura hindú y sus olas tubulares representa el paraíso terrenal, en el que los surfistas no necesitan “nada” para vivir. Y hacia allá se dirigen numerosos surfistas, año tras año. Pero ante esa utopía caracterizada por la búsqueda de olas vírgenes en plena naturaleza la sociedad del progreso mantiene su rodillo implacable, el rodillo de la producción creciente y cada vez más contaminante, de la construcción invasora y destructora. Los océanos se llenan de residuos, el hormigón invade costas y playas… Incluso hasta hacer desaparecer las olas. La utopía activista no puede limitarse ya a la vida surfista. Es necesario iniciar el combate ecológico.

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Surfrider Foundation vs. Fukushima

En 1972, los surfistas californianos han visto desaparecer la ola de Dana Point debido a la construcción de un paseo marítimo. Han sido testigos de la construcción de la central nuclear de San Onofre, a escasos metros de donde naciera el surf californiano en el período de entreguerras. En Pacific Vibrations, una película de surf que, como todas las demás, los surfistas consideraban otra oportunidad para soñar con olas y la carretera John Severson, fundador de la revista Surfer y realizador de la película, les advertía de los peligros y consecuencias del mundo moderno con imágenes de una costa californiana llena de olas pero, asimismo, de coches abandonados, chimeneas industriales y riesgos nucleares. Severson conoció la costa californiana cuando aún era un paisaje virgen. Y veía a qué velocidad estaba cambiando. Por lo que, preocupado, lanzaba su SOS en la película.

En 1972, cuando Mundaka solo era conocida por un puñado de surfistas, un proyecto de puerto industrial en la desembocadura hace “soñar” a la España de Franco. Ese mismo año, al otro lado de la frontera, en la cuna del surf francés, en la Costa Vasca, el alcalde de Biarritz sueña también y aprueba un proyecto urbanístico que convierte la playa en paseo marítimo y la llena de edificios. Dos proyectos monstruosos que no verán la luz gracias a la resistencia de las asociaciones locales y a la ausencia de dinero inversor. ¡Los surfistas se libraron de una buena!

Pero en 1986, tras años en la carretera y fuera del sistema, los surfistas se hicieron más realistas, auque no fuera fácil. Unos descubren su interés por desarrollar el mercado de la industria del surf y convierten la utopía del modo de vida surfista en marketing para las marcas de surf. Otros asumen la importancia de agruparse para defender aquello que da gozo a todos y cada uno de ellos: la ola. Ante el riesgo de ver modificada la ola de Malibú los surfistas se movilizan, se suman a la lucha ecológica iniciada unos años atrás por otros ciudadanos comprometidos y crean Surfrider Foundation, cuya lucha por preservar las olas va a abarcar toda forma de contaminación del océano y la destrucción de los litorales. Al arrimo de Surfrider surgen otras asociaciones en otras partes del mundo: Surf Against Sewage, Save The wave… Es la lucha de David contra Goliat. La importancia de la belleza y del disfrute de la ola, de la naturaleza a largo plazo, contra el interés económico y el desarrollo a corto plazo. La utopía de una visión de futuro alternativa contra la razón impuesta de una modernidad irracional. La ilusión del sueño ecológico contra la ceguera de las fuerzas económicas. Cada cual tiene su visión sobre la relevancia de los valores en entredicho. Pero si bien, y por desgracia, las olas de Fukushima seguirán vírgenes en los próximos siglos, en Punta de Lobos (Pichilemu, Chile) se ha ganado un primer combate contra la contaminación y ha surgido una nueva reserva protegida… La utopía no es solo una ilusión. Sobre el terreno, puede tener la fuerza de la razón.

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El ritmo vs. El calentamiento climático

En la actualidad la modernidad arremete sin darse cuenta de que es necesario arreglar nuestra montura (nuestra tierra y sus recursos). La entropía, la distopía prevalecen sobre la utopía. La lucha contra el calentamiento climático es desesperante. La tensión de las fuerzas productivas actuales nos ciega y nos tiene atrapados. Vivimos engullidos por el transcurrir del tiempo, de la mañana a la noche. Pero ésa también es una ilusión. El tiempo no tiene fin y lo único que hacemos es correr tras él sin ver nada. Es necesario cambiar de chip.

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Por lo tanto, escuchemos al surfista soñador. Escuchemos su mensaje, el de una utopía activa. Cuando el surfista está a la espera, en el line-up, sabe que las olas llegan a su propio ritmo. Y hacer surf es someterse al ritmo de las olas. En un determinado momento el surfista está a la espera; al siguiente está acelerando para coger la ola. El ritmo de la ola, según lo ve el surfista, es una bella metáfora para imaginar la modernidad del mañana, con fuerzas productivas que se sometan y acoplen al ritmo siempre fluctuante de los recursos terrestres… Al hablar de ecología debemos pensar en ritmo.

Ritmo entre utopía y distopía, pero con una utopía que respira y comparte, que se acopla al ritmo del mundo, y no solamente con una distopía que nos asfixia y destruye el mundo entero.

El ritmo supone liberarse de la agonía del tiempo, de su transcurrir, de su opresión. La edad de la ecología es la edad del ritmo.

Sigamos surfeando :-)

Gbs de Soultrait / Surfer’s Journal

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Photos: Roke
Artistas participantes en la exposición:
Fotografía: Alan Van Gysen, Alfredo Escobar, Andy Huges, Braulio, Bruno Garrudo, Gabi García, Iker Basterretxea, Jack McCoy, Javier Muñoz, Joli, Jorge García, Lance, Ron Stoner, Marc Conca, Patrick Trefz, Rodrigo Farías, Taishi Hirokawa
Ilustración: Elohand,
Pintura: Pablo Ugartetxea
Vídeo: Arnie Wong, Kai Neville, John Lamb
Textos: Gibus de Soultrait, Tony Butt, Josema Odriozola
Tabla de surf: Ryan Burch